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miércoles, 31 de julio de 2013

AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA FAMILIA INTERCULTURAL 2: EL RAMADÁN


Cuando el Califa llegó a mi vida, como suele suceder a cualquiera que se empareja, muchas de mis costumbres y rutinas se vieron alteradas, modificadas y también enriquecidas. Y no puedo quejarme, puesto que para él el cambio fue mucho mayor. Al fin y al cabo, yo seguía en mi país y con mi gente y dentro del universo cultural con el que siempre había mantenido esa dialéctica de amor/odio que todos en el fondo sentimos hacia nuestras raíces y tradiciones, sin embargo él, por seguir a mi lado, había dejado atrás tierra y familia, realidades ambas que soy consciente le son muy queridas.


Pero yo sé que para mi Califa, lo más difícil y lo que más añoranza le produce es no estar en Marruecos el mes de Ramadán. Allí durante este periodo el ritmo de vida se altera. No es que se deje de trabajar o se den vacaciones escolares todo el mes, pero tanto el horario de trabajo como el de estudios se adaptan a las circunstancias que el ayuno impone. Así, en Tetuán, antes de la alborada, por las calles de los barrios pasa un tamborilero que va avisando a los vecinos de que se inicia la jornada y les queda poco tiempo para tomar los últimos alimentos antes de que el sol con su salida de comienzo al periodo de ayuno. Durante el día en los espacios públicos no veremos a nadie comiendo o fumando y todos los establecimientos como restaurantes y cafés permanecen cerrados. La vida se desarrolla normalmente, los mercados y zocos rebosan de gente que se abastecen de productos alimenticios que ni siquiera prueban y, salvo esa abstinencia, nada es diferente a otros días. Pero a la caída de la tarde en el momento en que las salvas de cañón que se disparan desde la parte más alta de la ciudad, calles y avenidas quedan desiertas, los comercios cierran y las pocas personas que no están en sus casas transitan apresuradamente. Es la hora de romper el ayuno y, salvo fuerza mayor, no se debe demorar este momento por lo que las familias están reunidas tomando la nutritiva harira que se acompaña de dátiles y shubbakías. Pero la ciudad no está desierta por mucho tiempo. Pasada una media hora las calles, iluminadas con festivas guirnaldas de luces, rebosan de gente, las mezquitas se llenan de fieles, abren cafés y restaurantes, y el paseo de la avenida se colma de jóvenes y menos jóvenes. Ha llegado el momento de visitar a amigos y familiares, de compartir cenas y de que los amigos se reúnan a pasar la noche entre vasos de té. La ciudad, normalmente solitaria después del último rezo, retoma su animación hasta bien entrada la madrugada y todo aquel a quien las obligaciones no se lo impiden vuelve a casa casi a la hora de retomar el ayuno.

Sin embargo aquí nada indica que ha llegado este mes y cuesta más entrar en esta energía.  En los primeros años de nuestra convivencia, yo compartía con el Califa el ayuno (una experiencia que puede resultar muy enriquecedora) y comprendo que es muy difícil centrarse en él cuando alrededor nada anima a ello, pero también pienso que es otra forma de practicarlo, más espiritual e íntima, tal vez más de verdad, ya que, por otro lado, carece de la presión del entorno y nace de la libertad. Cierto es que el contexto poco apoya, pues, amén de indiferente, puede llegar a ser hostil, y que, sentimentalmente, es precisamente cuando llegan las fechas fuertes del año cuando más se echa de menos lo que se ha dejado atrás. Y es que, si lo comparamos con lo que significa sentarse alrededor de una mesa con familiares y amigos después de haber esperado todo el día ese momento,  no deja de resultar triste comer en solitario y casi a escondidas unos dátiles con prisas porque hay que volver al trabajo.

En casa, siempre que nuestras ocupaciones nos lo han permitido, durante el mes de Ramadán, el Emir, la Emira y yo, aunque no hiciéramos el ayuno, acompañamos al Califa a la hora del magreb para tomar la harira, pues a todos en casa nos gusta esta sopa tan completa y disfrutamos con los dátiles. Lo que no siempre tenemos son shubbakías, esos dulces parecidos a pestiños que ayudan a levantar el nivel de glucosa después del ayuno. Son una repostería de muy complicada elaboración y hay que tener manos muy expertas para que queden bien, además es una receta laboriosa y aquí la Sultana no va  sobrada de tiempo, ¡qué le vamos a hacer! Al menos puedo enorgullecerme de ser, a juicio de ciertos amigos del Califa, una de las pocas personas españolas que sabe preparar la harira como si hubiese nacido en la medina de Tetuán, que no es poco, pues  esa afirmación, teniendo en cuenta de quién viene y  lo bien que suelen cocinar muchas marroquíes (aunque hay otras que son un desastre, puedo dar fe de ello), la tengo que considerar  todo un halago.

La noche 27 del mes de Ramadán es la llamada Noche del Destino, pues la tradición dice que fue entonces cuando el Corán descendió al Profeta. Es una noche especialmente espiritual que los musulmanes pasan en oración, lo que llamaríamos nosotros una vigilia. El Califa algunos años ha pasado esa noche en la mezquita, cuando ha habido alguna cerca de casa, y ha vuelto al amanecer, pero en otras ocasiones le ha tocado vivir esa conmemoración en solitario.

El día que finaliza el Ramadán, que es tan incierto como el del comienzo, pues su determinación se basa en la aparición del Hilal, o cuarto creciente, constituye la fiesta llamada Aid al Fitr. Este día ya no se ayuna y en la mañana se va a rezar temprano a las afueras de la ciudad. Ese día el Califa tiene la costumbre de invitarnos a comer y de traer pastelitos y chuches a los Emires. A veces hemos comido con familias amigas y, ahora que los Emires son mayores y suelen tener tareas escolares o actividades, si no es posible, procuramos tener un menú especial en casa, al menos para compensar que no puede estar tres días de fiesta como cuando vivía en Marruecos.

Tengo que aclarar que, al ser lunar el calendario musulmán, sus festividades no siempre caen en la misma fecha del nuestro, sino que van rotando a lo largo de todo el año. Por eso, en el tiempo que llevamos juntos, hemos tenido Ramadán a principios de primavera, en invierno, coincidente a veces con nuestras celebraciones de la Navidad con rupturas de ayunos conjugadas con cenas de Nochebuena o Nochevieja, en otoño y, como ahora, en pleno verano, que son los más duros por las calores y tantas horas de sol.


domingo, 30 de junio de 2013

Leche humana



Tan sorprendida me he quedado al leer los artículos de las prensa "seria" que he tardado días en conseguir escribir algo, porque es cuando menos indignante la falta de rigor, de seriedad y de mínimo respeto hacia los lectores que han tenido.

En su ánimo sensacionalista no se han parado a documentarse, ni tan siquiera a preguntar a las mujeres, hombres, pediatras -que alguno conocerán- que les rodean.

Quiero aprovechar este pequeño espacio en la web para tratar de poner en claro algunas cosas, porque el tema de la salud es importante, pero si hablamos de niños es realmente urgente que todos sepamos las verdades objetivas.

Todos los comentarios y datos que aporto se puede consultar libremente en la Asociación Española de Pediatría y en la Asociación Americana de Pediatría, así como en la OMS.
Asociación española de pediatría

Primero quiero presentarme: soy una mujer trabajadora, con estudios medios, casada y con hijos, y he amamantado y también he dado biberón.

Y ahora vamos a intentar poner un poquito de luz sobre esta discusión.

El Gobierno venezolano quiere obligar a las madres a amamantar

¿Se puede obligar a una madre a amamantar? Debe haber gente que cree que sí, porque lo ponen en letras bien grandes en los periódicos. ¿Cómo? No tengo ni idea. Pensarán que las mujeres van a ser recluidas en camas con vigilantes que las obliguen a coger a sus hijos en brazos y a ponerlos al pecho. No se me ocurre otra forma.

Así que ya vemos que comenzamos con una idea ridícula, algo elevado al absurdo en cuanto nos paramos a pensarlo, pero que ha servido para que se escuchen muchas frases de "claro, nos quieren quitar la libertad" y de "es que habría que prohibir que algunas mujeres tuvieran hijos si no los quieren".
Pero voy a seguir desgranando un artículo que se publicó hace unas semanas en el periódico El País y que se puede leer aquí mismo:


El amor filial es un asunto de Estado en Venezuela y pasará a estar legislado si la Asamblea Nacional aprueba la reforma de la Ley de Protección, Promoción y Apoyo de la Lactancia Materna, proyecto que empezará a discutir el próximo martes en el pleno.

Ya me gustaría a mi, y a todos nosotros, que el amor filial fuera de verdad un asunto de estado y se legislase para protegerlo. Sin duda el mundo sería infinitamente mejor. Pero no, es tan sólo un proyecto de ley sobre alimentación infantil.

El lazo que se establece entre la madre y el recién nacido en el acto de amamantar está en riesgo por culpa de las “trasnacionales que venden esas fórmulas [lácteas]”. Por ello, aseguró la también vicepresidente de la Comisión de Familia de la Asamblea Nacional, desde el Parlamento se habría propuesto la redacción de un instrumento que garantice “que todo niño tenga derecho a la lactancia” hasta el extremo de prohibir el uso de “teteros y biberones”, según dijo en entrevista con el principal canal del Gobierno.

Después de haber consegido alguna información en alimentación infantil, no veo en absoluto ningún peligro ni ninguna idea peligrosa aquí, pero estoy segura de que muchos de los lectores sí que piensan que esta mujer, diputada, y estos legisladores se han vuelto majaretas. Vamos a seguir un poquito más adelante.

Según trascendió, el proyecto de reforma, que modifica al menos 18 de los 33 artículos de la ley actual e incluye severas sanciones, no contempla –al menos, no antes de su próxima discusión en el hemiciclo, luego de quedar listo en la Comisión respectiva— el veto al biberón.

Y si no se va a vetar el biberón, y el periodista lo sabe ¿por qué nos ha mentido en el titular?

No obstante, algunos de sus artículos declaran la guerra a las fórmulas lácteas y al biberón, como si del cigarrillo se tratara. Se castiga la promoción publicitaria de esos complementos y su administración, en centros de salud públicos y privados, a niños menores de seis meses, “salvo indicación médica”. También se prohíbe la prescripción de suero glucosado a neonatos.

Este es el párrafo que más me ha indignado. No porque sea falso, no, sino por la grave falta de documentación del periodista, que además utiliza un tono altivo.

Hace ya años que en España -en toda la Unión Europea- existe una prohibición de publicitar las fórmulas para lactantes nº1, es decir, para menores de 6 meses. La razón no es otra que fomentar la lactancia materna. ¿Por qué? Muy sencillo, porque está demostrado médicamente que las fórmulas alimenticias no son inocuas, generan problemas sanitarios a corto y largo plazo, y bueno... igual sí son como los cigarrillos.

Además, aunque no está prohibido, sí existe también un protocolo del ministerio de sanidad para dejar de usar sueros glucosados y fórmulas lácteas en hospitales, sobre todo en recién nacidos con madre sana.
También se han impulsado bancos de leche materna. ¿Todo ello por qué? ¿Está nuestro ministerio especialmente obsesionado con que las mujeres amamantemos? Más bien está obsesionado con ahorrar dinero. Y la Lactancia Materna ahorra dinero. Porque ahorra salud.

Estadísticamente está demostrado que un bebé que toma Leche Humana acorta en un 25% su estancia en las unidades de neonatología, incluso en prematuros.

También los médicos saben que la incidencia de enfermedades infantiles es muchísimo más baja, y que en caso de haberlas, la recuperación es más rápida y fácil con menor uso de fármacos.

Todo esto ha llevado a una pequeña revolución en las zonas de maternidad, porque ahora todo tiene que estar adecuado para que la mamá y el bebé estén en contacto permanente, incluso cuando el bebé está ingresado, para facilitar la lactancia materna todo lo posible.

Es decir, la lactancia materna podría equipararse a un medicamento.

¿Por qué prescribir a un recién nacido un suero glucosado? No entiendo qué puede haber de normal en dar agua con azúcar a un bebé recién nacido salvo que exista una razón médica. Es llenar su estómago de un líquido azucarado sin mayor aporte nutritivo. Se me escapa qué piensa el periodista sobre ese tema.

Otras voces se sumaron a la defensa del proyecto desde la Comisión de Familia. Su presidenta, la también oficialista María León —ex ministra del gabinete de Hugo Chávez— precisó que la ley busca “concienciar al pueblo, a las madres venezolanas y al mundo, para que conozcan la importancia que tiene el suministro de leche materna a niños y niñas, desde su nacimiento, hasta los dos años de edad”.

Vaya, podría decirse que... ¡¡son exactamente las mismas recomendaciones que hace actualmente la OMS, la Asociación Española de Pediatría, la Asociación Americana de Pediatría... ¡Debe ser una epidemia de locura¡

El texto que será sometido desde el martes a la consideración de la Asamblea Nacional, con amplia mayoría del partido de gobierno, prevé también que empresas e instituciones incluyan en sus horarios de trabajo turnos para que las madres den de mamar a sus bebés, y acondicionen espacios para tal fin. Además, forzará la creación de bancos de leche materna

Es decir, que se sumen a la normativa de países más desarrollado en la defensa de la maternidad, como el nuestro, que tienen leyes que ayudan a las madres a poder compatibilizar de alguna forma la alimentación y el trabajo.

Bueno, pues parece que el artículo era una soberana tontería de un periodista desinformado que nos ha tratado de idiotas.

Lo más grave no es eso, no, lo más grave es el daño que con este tipo de artículos se hace a la salud de los niños. Ahora voy a ponerme un poco seria.

¿Quién es el verdadermente importante? El bebé. ¿Debe el legislador pensar en los votos o en la salud de sus ciudadanos? Sin duda en la salud, por eso prohibe fumar, y por eso también hace campañas para promover la vida sana, entre ellas la promoción de la lactancia materna.

Todos los bebés deben tener derecho a la mejor alimentación posible que esté al alcance de sus madres. Todos los pediatras hoy en día están absolutamente seguros de que la leche humana es superior en cuanto a seguridad, a nutrición, y luego pueden desgranarnos una serie de beneficios para el sistema inmunitario, el desarrollo cerebral, la mejora en la salud futura del individuo, etc.

¿Por qué entonces sigue habiendo siquiera un periodista que se atreva a publicar un artículo tan falto de responsabilidad y vacío de contenido?

Sin duda alguna porque el negocio sigue siendo dar fórmula artificial a los niños.

Señores, no se engañen, la leche humana es gratis, y eso es lo verdaderamente peligroso para estos periodistas.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Por un 1 de mayo para todos.


Artículo escrito el 1 de mayo y revisado con los últimos datos del día 15 de mayor de 2013, más abajo puedes consultar los enlaces a diferentes noticias en medios de comunicación.

Esta semana hemos celebrado la fiesta del 1 de mayo, día internacional del trabajador, mientras en los periódicos todavía está en primera página la noticia de un desastre de magnitud tan grande que parece de otros siglo.

Estoy segura de que todos los que vais a leer esta entrada que hoy publico os sentís como yo, perdidos en esa cifra abismal de muertos, de heridos, de desaparecidos.

La primera plana de cualquier periódico hoy día 1 de mayo se encuentra llena de números: el de parados, el de millones defraudados, el de millones robados, el de millones en recorte de presupuestos, y ahí abajo el de cientos de muertos.

No es fácil comprender todas estas cifras, aunque intentemos darles cara, no es fácil imaginar 6,2 millones de parados, tampoco imaginar la cantidad de 3 mil millones, que al parecer debe recortar el gobierno español.

Desde luego no puedo imaginar más de 1100 muertos, casi 100 desaparecidos y más 2.500 heridos. (Ni siquiera puedo imaginarme las condiciones sanitarias que tendrán)

Mientras, en este país, del llamado primer mundo, hay 6 millones de parados, y se recorta porque el gobierno, es decir toda la nación, está endeudada sin que los ciudadanos sepamos entenderlo, allí, en otro país a muchas horas de vuelo, han muerto más de 1100 trabajadores.

Esos trabajadores en realidad son subcontratados de un montón de multinacionales, empresas que tienen beneficios o no, empresas que nos proveen de todo tipo de objetos. Empresas, en definitiva, que han decidido abandonar hace años y poco a poco la producción dentro del territorio de la Unión Europea y llevársela a países mucho más pobres y con unas normas inexistentes en temas no solo laborales, sino humanos. Países donde se encadenan sucesos trágicos con elevadas cifras de muertos siempre.

Estos trabajadores de Bangladesh no tienen derechos, allí no llegó hace más de 100 años la revolución sindical que comenzó el 1 de mayo en USA. Su país ni siquiera ha permitido que se envíen dotaciones de bomberos para ayudar en el siniestro.

Como ha dicho el recién estrenado pontífice de la iglesia católica, el Papa Francisco,  son esclavos.

No sólo no tienen derechos, cobran una miseria, sino que trabajaban en un edificio ilegal.

Mientras aquí, en el primer mundo, salimos a la calle manifestarnos el 1 de mayo, allí esta fecha adquiere un significado muy distinto. La policía a disuelto manifestaciones de familiares de más de 2000 desaparecidos de forma violenta.

Es día para reflexionar.

Aquí no se trata sólo de cifras. Lo importante son los 6 millones de parados, o los 1100 muertos de india. Pero más importante es pensar qué tipo de mundo queremos.

Hoy más que nunca, los parados de toda Europa deberían mirar muy bien las etiquetas de todo lo que compran, porque quizá ellos mismos estén colaborando sin saberlo en este nuevo modelo de esclavitud, que a su vez nos condena a la quiebra en el primer mundo.

Por un 1 de mayo para todos.

La UE amenaza a Bangladesh con quitar el trato preferente a sus exportaciones
Derrumbe de la fábrica de Bangladesh: 402 muertos y 149 desaparecidos -datos iniciales de la tragedia.

A los 15 días de la tragedia podemos leer los últimos titulares, con la noticia de la fuerza que tienen los consumidores para obligar a las grandes empresas a mejorar sus políticas de trabajo e importación, política que sin embargo muchas marcas siguen sin tener intención de aplicar.
El Corte Inglés se suma al pacto para evitar nuevos desastres en Bangladesh

martes, 30 de abril de 2013

Qué queremos decir cuando hablamos de Fracaso Escolar (Segunda Parte)

Leyes y Futuro


Desde que llegó la democracia a España, los políticos han acometido diferentes reformas educativas, todas ellas con aspectos positivos pero también con algunos negativos o más costosos para nuestra sociedad.
Entre todas ellas, merecen capítulo aparte, por novedosas, la LOGSE y la LOE. La LOGSE (1990) fue una gran reforma que cambió para siempre el panorama educativo, estableciendo los cursos que conocemos actualmente, promulgando mayor participación de las familias en los colegios, estableciendo un currículo flexible y adaptado a las comunidades autónomas y variando el sistema de conciertos del Estado.

Por su parte, la LOE (2006) introdujo una serie de cambios menores, como los relativos a la asignatura de Religión u otros cambios acerca de la financiación de centros públicos y concertados.

Ambas leyes sitúan la edad obligatoria en Secundaria en 16 años, que antes de la LOGSE era de 14 años y ese cambio ha sido tan polémico como conflictivo. Después de la dictadura, los sucesivos gobiernos perdieron una gran oportunidad no invirtiendo en la gran olvidada en España: la Formación Profesional. Hoy por hoy, las ramas de estudios profesionales en que se invierte dinero son las que menos lo necesitan: las que no necesitan material, las que se cursan en un pupitre. Todas las ramas que necesitaban una gran inversión (mecánica, carpintería... oficios en general) fueron relegadas por falta de fondos, y por ello los oficios ya no salen adelante, y por eso mismo hay un salto importante entre las necesidades reales de la empresa y la industria española y la formación y por ello, también, hay alumnos que no quieren seguir sus estudios pero se ven obligados a hacerlo en un instituto, estudiando materias que no les interesan.

Ahora existe la figura del PCPI (Programas de Cualificación Profesional Inicial), plazas para alumnos que hayan cumplido 16 años y se prevea que no vayan a superar la ESO (varios cursos repetidos, nula motivación…). Es una manera de encauzarles hacia un oficio y que no pierdan tiempo ni ganas. Pero hay muy pocas plazas y además van a un PCPI cuando ya se ha perdido demasiado tiempo… ¿No sería más útil que eligieran antes y que hubiera plazas para todos, convirtiéndolo no en plazas para casos “desesperados” sino simplemente en otra salida más?

De este modo, los alumnos, a una edad relativamente temprana, podrían elegir una vía más técnica o profesional, mientras que otros, que quisieran encaminarse a unos estudios superiores, podrían seguir en el instituto progresando sin el lastre de un alumnado tan poco motivado. Con los necesarios cursos "puente" que pudieran establecerse para chicos y chicas que cambiasen de opinión y pudieran incorporarse en algún estadio del proceso.

 Para todo ello, ¿qué necesitamos? Fondos para una necesaria inversión en los estudios profesionales. Y ganas. Y falta de miedo en que nos consideren clasistas. Hay que ser prácticos, hay que mirar a los ojos a la realidad de chicos y chicas en los institutos que no quieren estar ahí. Quizá la ley Wert, que se nos viene encima, traiga algo bueno situando la edad obligatoria en  15 años (con tres cursos de ESO en vez de cuatro). Sí, hasta el ministro Wert puede ver que 16 años son demasiados. Y si él puede, todos podemos.

viernes, 15 de marzo de 2013

Qué queremos decir cuando hablamos de Fracaso Escolar (Primera Parte)

Abandono y absentismo




El término “fracaso escolar” es de gran actualidad en la sociedad de hoy. Lo oímos en la televisión, tanto en informativos como en reportajes, en la radio, lo leemos en los periódicos… ¿Pero qué quieren o queremos decir exactamente cuando hablamos de fracaso escolar?
 


Hay varios tipos de fracaso escolar:  Podemos referirnos al  abandono de los estudios obligatorios, o a los resultados, o incluso puede que estemos hablando de fracaso de valores o de falta de los mismos.
En todos los casos hay que plantearse qué está pasando. Los estudios son hoy por hoy obligatorios hasta los 16 años (aunque la reforma del ministro Wert parece que situaría la edad máxima en 15 años) y si se abandona antes sin acreditar el título de ESO (Educación Secundaria Obligatoria) es porque el chico o chica cumple los 16 repitiendo algún curso y lo deja. Ahí la administración ya no puede obligarles a seguir. De entre todos los fracasos, en mi opinión este no lo es tanto, puesto que en ese caso estábamos obligando a escolarizarse a alguien que no lo deseaba, que no lo aprovechaba y que probablemente (aunque no siempre) molestaba en clase.
Capítulo aparte merece el absentismo escolar,  esas familias cuyos hijos no asisten a clase prácticamente nunca y que sólo cuando los servicios sociales insisten, incluso la policía yendo a buscarles, van dos días y vuelven a desaparecer. En muchas ocasiones hay una ayuda social por medio que la familia está cobrando y que la administración amenaza con retirar si los niños no asisten a clase. Personalmente me parece una situación absurda que una niña de 14 años esté en clase de brazos cruzados y que luego cuando haya repetido curso y tenga 16, se vaya del instituto, sin haber aprendido absolutamente nada, para prometerse y casarse y perpetuar un sistema de ignorancia y clases sociales cerradas. Ahí la administración ha hecho lo que ha podido, y por muchas políticas que se hagan, siempre habrá familias que conciban la educación no como un derecho de sus hijos, sino como una obligación.
En cuanto a los resultados, mucho habría de qué hablar. Las distintas delegaciones territoriales buscan resultados académicos y me parece muy bien. Pero claro, en algunos institutos hay un índice de inmigración del 80%, proveniente de familias cuyos hijos apenas han sido escolarizados o lo han sido en contextos muy diferentes, y necesitan un tiempo para adaptarse en todos los sentidos y también para poder pasar unas pruebas que en gran parte dependen de una comprensión escrita potente.
Acostumbramos a compararnos con países con resultados buenos en el informe PISA, como Finlandia. Pero nuestro país no es Finlandia. Nuestro país es grande, con una realidad demográfica complicada y un índice de inmigración alto. En los 12 últimos años la inmigración ha aumentado en un 15% en Cataluña (son los datos de que dispongo,  no poseo los números del resto del Estado) y si bien la crisis está originando cambios en este sentido, no podemos negar la tendencia al aumento de los últimos años.
Las diferentes reformas educativas acometidas en los últimos años también han propiciado un cambio profundo al que todos, comunidad educativa, familias y administración, hemos tenido que adaptarnos… Y no ha sido fácil.
 
(Continuará...)


 

viernes, 8 de marzo de 2013

NO SOMOS EL PROBLEMA



Todos los años parece obligado hablar de las mujeres hoy. Marzo se ha convertido en el mes de las mujeres dada la cantidad de jornadas, charlas, conferencias, manifestaciones, homenajes y demás eventos dedicados a nosotras. Pero a mí me llama la atención que las muchísimas ocasiones que se aborda el asunto una de las primeras palabras que aparece es “problemática”. Es decir, las mujeres no somos una realidad gozosa, el cincuenta por ciento de la humanidad, somos, según esta concepción, un problema.

Pues como estoy harta de que se me considere así, hoy voy a dar la vuelta al argumento porque, aunque tampoco nosotras tenemos la panacea para este desangelado mundo, es evidente que, a poco que observemos la realidad, nos podemos dar cuenta de que las mujeres en multitud de ocasiones somos la solución.

Si no, que se lo digan a tantas u tantas que en el mundo, en lugar de lamentarse, se han arremangado y han tomado las riendas cuando la situación pintaba más que negra: a las amas de casa de las ollas colectivas, a las líderes locales que han conseguido a base de tesón y de lucha que las voces de minorías olvidadas se escucharan, a las madres que no sólo acunan en su regazo y amamantan sino que salen todos los días a buscar un sustento, a las que se empeñaron por estar donde los prejuicios se lo impedían y han demostrado ser tan válidas o en algunos casos más que los varones, a las que se afanan por mejorar las condiciones higiénico sanitarias de sus poblados y aldeas, a las que ganan por goleada a los hombres en ONGs y voluntariados varios,  a las que en tiempos de crisis lo mismo sirven para u roto que para un descosido…

Que se lo digan a Rigoberta Menchú, a Doris Cárdenas, o a Dorothee Sölle.

A Esther Madudu después de haber asistido a una parturienta que gracias a ella no ha pasado a engrosar la estadística africana de mortalidad puerperal.

O a la pequeña pero muy grande Malala Yusafzi con cuya determinación no han podido ni las balas del más cerril integrismo.

A las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo, a Somali Mam, a Margarita Salas o a Adela Cortina.

O a nuestras ilustres antecesoras como Hypatia, Juana Inés de la Cruz, Olympe de Gouges, Hildegarda de Bingen, María Zambrano o Clara Campoamor entre tantas y tantas, a veces injustamente sepultadas bajo el polvo de la historia.

Que nos lo digan, en fin, a nosotras, a las que amamos y trabajamos, nos hundimos y nos levantamos, investigamos, enseñamos, creamos, sanamos, sacamos de donde no hay, consolamos, escuchamos, nos enfadamos y nos reconciliamos, hacemos red, nos coordinamos, metemos la pata y la sacamos, entregamos nuestras energías y nuestro tiempo… A las que, en resumidas cuentas, VIVIMOS Y DAMOS VIDA, que es de lo que se trata.

Por eso, por favor, que dejen ya de problematizar nuestros cuerpos y nuestros ritmos, nuestros anhelos y nuestras luchas. No, nosotras no somos el problema. El problema es este sistema injusto, opresor y contrario a la vida que se llama patriarcado y que a lo largo de la historia ha ido tomando diversas caras, revistiéndose de distintos ropajes pero que al final siempre es lo mismo y tiene el mismo significado: unas estructuras deshumanizadas y deshumanizantes que impiden el crecimiento y el desarrollo sobre todo a los más débiles e indefensos.

Nosotras con nuestros compañeros de vida y viaje simplemente somos una parte importante de la solución.




sábado, 23 de febrero de 2013

¿Cómo nacen nuestros hijos?



En estos días pasados de diciembre quiso la casualidad que en un viaje en tren pusieran una película sobre parejas, madres y padres. Qué esperar cuando se está esperando

Siendo sincera, no presté demasiada atención, cuando viajas con niños es difícil salvo que duerman, claro. Pero sí que al final de la película, justo cuando las parejas protagonistas se disponen a traer al mundo a sus hijos, quise saber cómo resolvía el director esta cuestión, incluso con una adopción entre las formas de ser madres de las protagonistas.

Fue toda una sorpresa.

Primero os quiero contar el perfil de las mujeres. Todas son grandes profesionales, mujeres modernas, del mundo actual, que también son madres, no viven la maternidad como una carga ni como un obstáculo, lo viven como algo feliz que va a complementar su vida. Esta es la primera sorpresa. Aún teniendo alguna de ellas problemas en el embarazo -o la imposibilidad de quedar embarazadas directamente- son felices con su estado, son positivas, saben en todo momento que van a ser capaces de ser madres.

No sé si me equivoco... ya digo que no presté atención a la película entera, pero todas las protagonistas eligen un parto vaginal. Es ya en sí una gran sorpresa. Mujeres solventes económicamente, mujeres preocupadas por su físico, por su vida laboral, que sin embargo no se plantean programar su parto.

Y el momento del parto me dejó con una gran sonrisa en el rostro.

Entrar en una clínica en la que no te miran mal, no te tratan como a una enferma, una minusválida, no te ignoran mientras hablan con tu marido, no te alejan de tu pareja dejándote horas abandonada... Digno de mención las habitaciones y camas.

Esas camas articuladas en que ellas pueden dar a luz y pasar todo el parto. Esos médicos y enfermeras amables, sin caer en el paternalismo, animando a la pareja, sin luces ni dramas, sin decorados de quirófano innecesarios.

Recuerdo tres partos, uno de ellos de una mujer que pare tranquilamente, sin grandes dolores, un bebé hermoso y saludable, para sorpresa de todos. Sí, esos partos existen, no son ciencia ficción, de verdad existen esas mujeres. El otro un parto digamos más habitual, una mujer que sufre los dolores de la dilatación y que tiene que esforzarse en traer al mundo a su bebé, siempre ayudada, respetada, sin gritos, sin maniobras innecesarias. Toda una Cameron Diaz en acción.

El tercero me pareció muy curioso. Ella había preparado un plan de parto -sí señoras, un plan de parto- y había expresado su negativa a tener epidural. Pero entre los dolores del parto, sufre un descontrol nervioso y el marido paga a un anestesista -atención también a este hecho: él paga para que el anestesista ponga la epidural- porque ella dentro de su estado nervioso dice que no puede aguantar. Es el único marido que no cree en ella, el único futuro padre que durante el film nos queda claro que es inseguro y vive a la sombra de su padre. Cree más en su dinero y en lo que puede comprar con él. No diré que me pareció agradable, ni que se lo merecía, pero una vez más el director nos sorprende cuando el parto se complica y ella tiene que ser intervenida.

El único parto que termina en parto traumático es aquel que es tratado como un acto médico, con epidural y sacando al bebe de la madre. ¿Cómo es esto posible? ¿Tal vez ese papel que firmamos cuando aceptamos la epidural es más cierto y real de lo que pensamos? ¿Cuándo los pediatras nos van a hablar de los efectos de los medicamentos en el parto sobre el bebé y los ginecólogos nos van a explicar que lo que nos va a ayudar a soportar el dolor puede convertirse en nuestro peor enemigo?

¿No os sorprende todo esto?

¿Es quizá el director un activista del parto respetado?

¿O quizá ahí fuera de nuestras fronteras eso es lo normal y natural?

Más bien esto segundo. En otro países desarrollados las mujeres no compran una intervención quirúrgica para traer al mundo a sus bebés, no paren entre batas verdes y frases paternales, no son alejadas de sus parejas y sus bebés, no son tratadas como adolescentes sin poder de decisión, ni son sometidas a intervenciones quirúrgicas innecesarias para poder alumbrar a sus hijos.

Y todo ello dentro de la seguridad de un centro médico.

¿Para cuando llegará a ser esto lo normal en nuestro país? ¿Cuándo será posible que una película española no muestre un parto entre gritos, cirujanos preocupados, padres paseando solos en pasillos y niños sobre mesas examinados como si estuvieran en un accidente?

A veces la ficción nos muestra el camino a seguir.

Sentí mucha envidia, tengo que confesarlo. Porque aunque yo pude tener a mis hijos sin epidural, no he vivido ese ambiente respetuoso, esa tranquilidad que debían de transmitirnos los profesionales de la sanidad, todo lo contrario, vi caras largas, ceños fruncidos, preocupación... Si bien tengo que dar gracias que mi segundo parto sí fue tratado de forma muy respetuosa para el país en que vivimos y teniendo en cuenta el caso tan complicado que yo presentaba encontré profesionales que apostaron por nosotros, sí sufrí ese miedo trágico que hizo que probablemente ese momento fuera más doloroso y tenso de lo que debía, y por tanto más complicado.

Pero no quiero terminar sin decir algo a todas las futuras mamás. Esos partos existen en nuestro país, hay profesionales que se esfuerzan en darnos un paso normalizado a la vida, en tratarnos con respeto, en estar preparados para cualquier emergencia pero no meternos miedo ni decidir por nosotras. Solo hay que buscar bien, y no, no hace falta pagar, incluso dentro del sistema sanitario público existen estos profesionales que luchan porque el comienzo de la vida sea lo que debe ser: una celebración.

sábado, 5 de enero de 2013

LA ILUSIÓN DEL SEIS DE ENERO




Mi abuela me había hablado de él. Era un gorrión que venía todas las mañanas a posarse en los geranios del balconcillo mientras ella desayunaba. Me había dicho que, si me quedaba algún día a dormir y no era muy remolona para levantarme, podría verlo, y para mí, que tenía tres años, aquello era toda una novedad. Por eso aquel ya lejano seis de enero, cuando todos los adultos expectantes me formularon la pregunta de rigor: “¿Quién viene hoy?”, yo no dudé en responder, ante el asombro general, que el pajarito que se posa en las macetas. Poco materialista que era una a los tres años, edad en la que se suponía que ya la visita de sus Majestades de Oriente tenía que hacerme perder el sueño por la ilusión.

Claro que, las Navidades siguientes compensé con creces las expectativas de todos los adultos que me rodeaban, y, olvidado el alado visitante de mi abuela al que, dicho sea de paso, nunca conocí, disfruté como la niña que era con la cabalgata de los Reyes, el montón de caramelos que caían sobre la capucha de mi trenca (que años más tarde me enteré que no provenían de las manos de los monarcas de las carrozas sino de las de mi tía, ¡bendita inocencia!), las mariposas en la tripa que me impedían dormir y el madrugón matutino para correr al cuarto donde la magia de la noche, confabulada con la dedicación de mis padres y parientes, había dejado juguetes y libros rodeados de dulces, ¡ay ese roscón!, e incluso en alguna ocasión una carta de Melchor felicitándome el año, o la cara de Baltasar pintada en un balón de plástico.

Así fue durante algún tiempo, al final del cual fui yo quien volvió las tornas y seguía la corriente a los mayores por eso de no quitarles a ellos la ilusión. Sin embargo, ser la primogénita de cuatro hermanos me llevó a vivirla muy pronto desde la otra orilla: la de ayudar a dar cuerpo a la fantasía de los pequeños. Recuerdo que me sentía mayor ayudando a mis padres a colocar los regalos, que incluso ahorraba durante el año para poner mi detallito a todos y que me sentía recompensada viéndolos a ellos felices.

Por eso, cuando nació mi primer hijo continué con la tradición. Sé que muchos padres hablan de engaño y de mentira y dicen no querer hacer partícipes a sus hijos de algo que consideran una farsa. Evidentemente respeto su postura y no voy a intentar desde estas líneas convencer a nadie de nada. Que cada cual haga con las celebraciones lo que quiera. Es más, yo también me planteé en algún momento esa cuestión, pues si de algo me precio es de, adaptada a su edad y entendimiento, haber siempre intentado decir a mis hijos la verdad, de haber sido honesta con ellos.

Pero con los Reyes Magos me permití una licencia, porque, por otra parte, no consideraba que les estuviera mintiendo. Al menos no más que cuando escribo un poema, o invento un cuento. Y es que hay muchos tipos de verdades: unas son objetivas y hacen referencia a la realidad, y otras, subjetivas, pueden vivir en el mundo de los sueños, en el de la imaginación y la poesía. ¿Quién dice que no existen? No, Melchor, Gaspar y Baltasar no son más que una invención sobre otra invención, que atribuye realeza a unos magoi, de los que no se dice tampoco su número, y que aparecen en un texto que tiene más de teológico que de histórico, pero de lo que no cabe duda es de que la magia del seis de enero existe para quienes la hemos vivido, y que tiene su lugar dentro de ese universo simbólico.

Tengo un amigo que afirma creer a pies juntillas que su primera bici se la trajeron los Reyes. No, no está loco ni nada por el estilo. Es un sensato profesor de secundaria. Pero esa bicicleta, contra todo pronóstico, estuvo en su casa un seis de enero por la mañana de manera casi mágica. Andando el tiempo, ya de adulto, los Reyes le han traído otro tipo de regalos, como una amistad casi imposible. Y me consta que este año también tienen un regalo muy especial para él.

Mis hijos han pasado ya la edad en la que todo prodigio es posible, sin embargo el día de Reyes sigue siendo muy especial en casa, porque, aunque naturalmente esos personajes han pasado para ellos al desván de las fantasías de la infancia junto al Ratón Pérez y Agusa, pervive el espíritu, ese que nos lleva a devanarnos los sesos buscando el mejor regalo para cada uno, el que nos hace jugar a esconder las sorpresas y todavía los manda a la cama con hormiguillas en el estómago y los saca  de la misma bastantes horas antes que cualquier día festivo, para, una vez abiertos todos los paquetes, sentarnos a desayunar el roscón que determinará quién es en esa ocasión el rey de la jornada. Eso sí, carbón nunca ha habido, salvo el que ya de adolescentes nos intercambiábamos de broma mis hermanos y yo, porque nuestros Reyes nos quieren incondicionalmente y no son partidarios de reprimendas o castigos. Además, eso de los niños malos sí que es una mentira y una leyenda urbana.

¡¡¡FELIZ NOCHE DE LA MAGIA Y LA ILUSIÓN!!!

sábado, 15 de diciembre de 2012

Es por eso, Sr. Wert






Estos días el tema en los medios de comunicación, mucho más que la crisis, es el debate lingüístico en Cataluña. Debate que, ya de entrada digo, es un invento. No existe tal debate en la calle, y cualquiera que viva aquí, si es sincero consigo mismo más allá de ideologías que a veces a todos pueden encorsetarnos, ve que no es real, que se lo han sacado de la manga, como tantas cosas.

Oigo que se prohíbe hablar castellano en los institutos y colegios de Cataluña. Y es mentira. Oigo que se castiga en los patios por hablar castellano y una se pregunta en qué patios, oiga, porque en el de mi instituto lo que menos se oye es catalán, y lo que más, castellano y árabe. Sé que en otros sitios no es así, puesto que cada uno pertenece a una comunidad lingüística y dependerá de dónde vienes, dónde vives y cómo es tu familia.

En un protocolo no escrito, la única lengua que no se permite en las aulas es, en mi instituto, el árabe. Por supuesto, en el patio no hay ningún problema. Pero ciertamente en las aulas, cuando dos o más alumnos hablan árabe, se les conmina a usar el castellano o catalán, por razones de convivencia (los profesores y otros alumnos no entendemos árabe). Empero, debo decir que a mí personalmente me cuesta mucho decirles que por favor no hablen árabe y normalmente si son comentarios puntuales, no digo nada. Pero es así, es una regla no escrita y que muchos profesores practican: En el aula, se habla castellano o catalán. O inglés como en mi caso.

Pero la lengua vehicular es el catalán, y me gustaría explicar por qué eso, a mi entender, desde mi experiencia docente de profesora que vive y trabaja en Cataluña, es justo y necesario. Se dice que podría haber dos líneas pero eso es una auténtica locura. Se intentó en el País Valenciano y fracasó estrepitosamente. Las familias castellanohablantes suelen matricular a sus hijos en la línea en valenciano precisamente para que lo aprendan bien, ya que en casa no tienen ese input lingüístico. Y entonces, las familias que por razones ideológicas (nacionalistas españolas, que es muy respetable) matriculaban en castellano, se encontraban las aulas llenas de inmigrantes sudamericanos y ah… eso ya no les gustaba tanto. Quejas. El nivel era más bajo porque por propia experiencia tengo que decir que las personas que vienen de Sudamérica  (por regla general, no todas) presentan un nivel de aprendizaje más bajo (producto de múltiples factores que no puedo detallar aquí) y además esos padres no querían que sus hijos fueran “extranjeros” dentro de su propio colegio o se sintieran como tales. Estaban y se sentían segregados. Por propia elección, además, lo que hacía la situación aún más absurda.

Aquí nunca se dio esa opción. Aquí la lengua vehicular es el catalán. Y las clases, exceptuando lenguas extranjeras (inglés o francés) y el castellano, se dan en catalán. Debo decir que es una norma laxa. En cualquier instituto donde he trabajado ha habido profesores que dan la clase en castellano, porque les conviene más, porque se sienten mejor, por lo que sea. Y jamás ha pasado nada. Nunca he oído de un director o directora de centro que llame la atención. Pero la norma, en mi opinión, debe existir. La lengua vehicular, el catalán. Lo que luego se haga en las aulas ya depende de la flexibilidad de las personas, que si son inteligentes son flexibles por definición.

Y a pesar de esta realidad, una oye estos días tales burradas que no sabe si hablan de su pequeño país o de la Conchinchina. ¿Niños castigados en el patio por hablar castellano? Pues ya digo, medio patio de mi escuela estaría castigado. No tantos en el colegio de mi hijo. Como dije al principio, va por zonas porque la situación demográfica de este territorio es muy compleja.

Y por último y más importante, no es que dos líneas produzcan segregación, que también. Es que aquí la gente habla perfectamente catalán y castellano, todo el tiempo. Magrebíes, sudamericanos, castellanohablantes y catalanohablantes, todos. Si se crea una línea donde haya alumnos hablando sólo castellano, creamos toda una generación que no hablará apenas catalán. Y tendrán problemas en su vida futura, laboral y social, porque es harto ridículo pretender vivir aquí y no hablarlo o entenderlo. Porque se lo pedirán en un trabajo, lógicamente, para atender a clientes. Para hacer oposiciones. Para hablar con proveedores, industriales, jefes de zona. Para leer libros en cualquier materia. Para ir a la universidad o trabajar en un colmado. Para conocer amigos nuevos o compañeros de vida. Simplemente para comunicarse. Porque aquí es (aún) lengua de prestigio.

Es una falacia pensar el caso contrario, que las personas educadas en catalán tendrán o tienen dificultades para expresarse en castellano. Y repito, nadie que viva aquí lo pensará. Mi propio hijo ya es bilingüe, con cinco años, habiendo sido educado en catalán en el colegio y hablando catalán en casa. Es bilingüe porque el español está aquí en todas partes, y yo soy la primera interesada en que lo hable y escriba a la perfección. Cataluña está en la media española de rendimiento escolar, nuestros escolares no tienen menor comprensión lectora ni hacen más faltas de ortografía por saber otra lengua, más bien al contrario. El bilingüismo es garantía de buen aprendizaje de las demás lenguas, y eso está más que estudiado. Al contrario, desde mi experiencia, los alumnos que peor escriben no suelen ser catalanohablantes, si bien aquí el castellano tampoco tiene la culpa, sino que más bien responde a factores socioculturales complejos de analizar aquí.

Es por eso, Sr. Wert, que aquí lo que usted propone no es razonable ni posible. Y además, no lo queremos. Hay amplio consenso en la comunidad educativa, consejos escolares incluidos, que nos representan a todos. Incluso los partidos políticos se han puesto de acuerdo, a excepción del suyo, claro está. Y sin embargo, cualquier miembro del PP que viva en Cataluña sabe que el debate, como dije al principio, es una falso.

Ayer una buena amiga me decía que en el resto de España están hartos del debate lingüístico. Imaginen lo hartísimos que estamos nosotros, cuando nos intentan tocar algo que funciona perfectamente. Como si fuéramos sobrados de cosas que funcionan.

Es por eso, Sr. Wert. Por todo eso. Y porque es nuestra casa y nadie tiene que venir a decirnos lo que tenemos que hacer o cómo debemos sentir. Porque el bilingüismo es nuestra riqueza y patrimonio y no vamos a renunciar a ello. Porque es nuestra vida y el futuro de nuestros hijos.

sábado, 8 de diciembre de 2012

De esposa a mujer trabajadora.


"Pido permiso para mencionar por su nombre únicamente a cuatro personas que me han dado todo su cariño, su reconocimiento, sus ánimos y su constante colaboración. La primera de las cuatro es una montadora cinematográfica, la segunda es una guionista, la tercera es la madre de mi hija Pat, y la cuarta es la cocinera más excelente que haya obrado milagros en una cocina doméstica, y el nombre de las cuatro es Alma Reville. Si la hermosa señorita Reville no hubiera aceptado hace 53 años un contrato vitalicio sin opciones para convertirse en la señora de Alfred Hitchcock, es posible que el señor Alfred Hitchcock se encontrara en esta sala esta noche. Sin embargo, no estaría en esta mesa, sino que sería uno de los camareros más lentos de la sala. Quiero compartir este premio, como he compartido mi vida, con ella”.

Con este pequeño discurso el famoso director dedicaba el premio a su carrera a esposa, su compañera de trabajo y de vida. No es una historia sorprendente. Es sólo una de tantas historias de matrimonios que son un equipo perfecto y cuyo funcionamiento no queda relegado sólo a la vida doméstica, sino que excede de esta para abarcar la órbita completa de la vida ambos.

Cada poco tiempo vemos aflorar biografías semejantes, siempre con una coletilla parecida a "la mujer tras del hombre". Históricamente las mujeres han quedado relegadas a un segundo plano laboral pues ha primado su labor de compañera y madre. Este papel ha sido aceptado por muchas de ellas, que asumían sin ningún problema el anonimato social apoyando la carrera de su marido, aunque ellas fueran igual o incluso más brillantes que sus esposos. Por desgracia la mayoría de estas vidas inéditas salen a la luz después de que ellas nos hayan abandonado, incluso muchos años después de su muerte. Es imposible saber entonces si esa realidad tan dulcemente relatada de compañera feliz, inteligente, vivaz, y a la vez madre y ama de casa perfecta, había sido aceptada por la protagonista con plena libertad, o simplemente se había plegado a ella por no encontrar en la sociedad otra forma de expresarse.

Hoy en día, casi un siglo después de Alma Reville, cuyo apellido al menos no ha quedado en el olvido, muchas de nosotras seguimos viviendo esa dualidad de ser madres y amantes esposas, a un tiempo que profesionales y libres. ¿Deben ser dos posiciones antagonistas? ¿Podemos como Alma conseguir que todas esas mujeres cohabiten dentro de nosotras? ¿Es el único camino para la consecución del éxito en el matrimonio potenciar la carrera social masculina en detrimento de la propia? Difíciles preguntas cuya respuesta no es sólo nuestra, sino de la sociedad en su conjunto.

Mientras, debemos dar la gracias a esos compañeros, esposos, profesionales masculinos, que son capaces de reconocer la labor de sus mujeres no sólo dentro del ámbito doméstico, sino también ahí fuera, en la sociedad, como miembros iguales de pleno derecho.

El alma de Alfred Hitchcock

domingo, 25 de noviembre de 2012

EL ÍDOLO FÁLICO DEL PATRIARCADO Y LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES



Mañana es 25 de noviembre. Nos toca salir a recorrer las calles para, un año más, sacudir la conciencia ciudadana ante el terrible drama del terrorismo de género, que en nuestra sociedad tiene su más cruenta y tremenda manifestación en la violencia doméstica, ejercida en la intimidad del hogar y soportada en nombre de un falso concepto de “amor”, de “deber”, de “bienestar” de la familia... Y digo la más cruenta y tremenda por que no es con mucho la única, ya que son, desgraciadamente, múltiples y variadas las situaciones y formas en que las mujeres, por el mero hecho de serlo, hemos sufrido y continuamos padeciendo violencia y maltrato.


En un contexto patriarcal, esas formas diversas de violencia hacia las mujeres han sido tradicionalmente vistas como algo normal, pues normal era el sometimiento de la mujer al varón, un designio divino, un destino fatal que ellas soportaban con resignación ¿cristiana? en la falsa creencia de que ese papel de subordinación y sumisa obediencia era su sitio en el mundo. Han hecho falta muchos siglos y muchos esfuerzos y luchas, a veces ocultas y silenciadas, de las propias mujeres para que este sistema patriarcal y jerárquico comenzara a tambalearse, para que la sociedad empezara a tomar conciencia plena de la radical igualdad de los seres humanos, varones y mujeres, y, por ende, a condenar todas las actitudes y comportamientos violentos derivados de esa visión sexista y discriminatoria.


Sin embargo no deja de sorprender que, lejos de acabar de una vez por todas el maltrato y la violencia, estos continúen siendo una triste realidad cotidiana para muchas mujeres que los padecen en la privacidad de sus domicilios, en sus puestos de trabajo o en cualquier otro contexto, y que la noticia del asesinato de alguna a manos de su pareja se produzca en nuestro país con una frecuencia aterradora. Y es que múltiples son las causas de este fenómeno complejo que tiene profundas raíces en los mitos y arquetipos del patriarcado que todavía están operantes en el inconsciente colectivo.


En el universo simbólico patriarcal “Dios”, la divinidad, la trascendencia queda reducida a un ídolo fálico, el anciano terrible de barbas blancas que castiga o recompensa las acciones humanas, más lo primero que lo segundo; un superhombre, por supuesto varón, todopoderoso y omnisciente.  Es  el Señor de las batallas que sanciona y da carta de legitimidad a las posiciones masculinas de poder opresivo y dominador, pues ha puesto en la cúspide de su creación al hombre, su lugarteniente en la tierra, con poder de dominio sobre todo lo creado, incluidas las mujeres, que de este modo son consideradas seres subordinados cuya razón de existir siempre está en función de los varones de los que deben ser en todo momento sumisas colaboradoras, mantenedoras silentes y acríticas del sistema por ellos establecido, ya que este no responde sino a la voluntad y designios de la sabia providencia del Omnipotente.  


Y todo ello en íntima relación con otro arquetipo mítico de profundo calado en la cultura patriarcal. Me refiero al de “la tentadora”, la Eva soberbia y desobediente que acarrea todas las desgracias a la humanidad, la Pandora que desata todos los males encerrados en las entrañas de un ánfora; el arquetipo de la mujer, en resumen, moralmente débil, proclive a la maldad, capaz de seducir y arrastrar consigo a su compañero, culpable de todas las desdichas a la que, por consiguiente, hay que, no sólo controlar y someter, sino también castigar con dureza.


La combinación en el inconsciente colectivo de estos dos arquetipos míticos, que todavía siguen activos y operantes tanto en varones como en mujeres, hacen que en muchos casos aquellos se sientan dueños de un poder omnímodo sobre sus compañeras, de cuya “maldad” deben siempre desconfiar o cuya rebeldía, cuando se deciden a no aguantar más, deben hacer pagar incluso con la propia vida; y que estas, atenazadas por una ancestral culpabilidad que las paraliza y por el sentimiento inconsciente de inferioridad que el patriarcado ha inoculado en sus genes, soporten con un estoicismo suicida el maltrato y la violencia, situación que se racionaliza bajo un erróneo  concepto del amor o del deber, un equivocado sentimiento de incapacidad o un supuesto bien de la familia o la prole. Es por ello que la violencia hacia las mujeres aparece en cualquier contexto social, económico y cultural y que las víctimas puedan ser en muchas ocasiones mujeres que objetivamente cuentan con los recursos suficientes para no haberlo sido.


Por eso nos urge, si queremos de verdad atajar esta lacra, ir a buscar estas raíces profundas, desenmascarar estos arquetipos míticos y hacer una relectura en perspectiva de género de todas las tradiciones religiosas y culturales que los sustentan, pues, si bien son de vital importancia las leyes integrales sobre violencia de género, las ayudas a las mujeres que padecen este tipo de violencia y las denuncias de las situaciones de maltrato, no podemos en ningún momento olvidar que la prevención de estas situaciones pasa por una toma de conciencia del origen de la violencia patriarcal que nos permita de una vez por todas terminar con la transmisión de estos arquetipos culturales y educar a nuestras hijas e hijos en la igualdad, el respeto mutuo y la libertad.







martes, 20 de noviembre de 2012

EL DERECHO A LA IMAGINACIÓN

 
"La palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices."
(A. Einstein)
 
 
Ningún artículo de la Declaración lo recoge expresamente, pero sin duda se encuentra subyacente en el espíritu de todos ellos: niños y niñas tienen derecho a ser felices, a soñar, a vivir sin más preocupación que esta: ser niños. El universo de la infancia es un mundo mágico en el que tienen cabida todo tipo de ilusiones, en el que todo es nuevo, ya que la vida está por estrenar, por lo que la única misión de los adultos no sería otra que tener la delicadeza suficiente como para no matar su curiosidad innata, proporcionando, al mismo tiempo, alimento sano a la imaginación desbordante de las criaturas.
 
Por tanto, aunque tampoco aparezca de manera explícita en la Declaración, ningún niño del mundo debería verse privado de la compañía de esos amigos fieles e incondicionales que son los libros. Abrir un libro es como abrir un ventanal que descubre paisajes insospechados, subir en una alfombra voladora que nos lleva en las alas del pensamiento por otras realidades. Un libro puede ser fuente de información para saciar esa curiosidad de la que antes hablaba, pero también un instrumento privilegiado para vivir aventuras inusitadas, para conocer a personajes fantásticos o para aprender a degustar la belleza de las palabras.
 
Es por eso que todos los niños y niñas del planeta deberían tener a su alcance la posibilidad de disfrutar con la lectura. No se trata sólo del derecho al aprendizaje de la lectoescritura o de tener a su alcance medios como escuelas y bibliotecas. Me refiero a algo mucho más profundo que va más allá de los meros medios materiales e instrumentales, que, con ser de vital importancia, no bastan. Estoy hablando del descubrimiento del placer de la lectura, en la que los pequeños han de ver una posibilidad de deleite, de goce y de satisfacción y no una obligación tediosa y pesada.
 
El derecho de los niños al disfrute de la literatura pasa por el ofrecimiento libre de las lecturas, poniendo a su disposición, a la manera de una bandeja de manjares, una variedad de títulos entre los que escoger sin prisas y sin premuras. Niños y niñas han de acercarse a ellos sin miedo para tocar y acariciar sus portadas, hojear sus páginas, leer sus contraportadas o solapas y así poder elegir libremente. Y no pasa nada si al final descubren que la elección no fue acertada. Aunque es bueno indicarles que siempre deben dar una segunda oportunidad al libro  y no abandonar a la primera, pues muchas veces los autores nos sorprenden y lo que en principio nos aburría termina por apasionarnos, deben también entender que no están obligados a leer aquello que no les motiva, pues la lectura nunca ha de ser para ellos una aburrida y fastidiosa rutina.
 
Dar a los niños la posibilidad de apasionarse por la lectura, enseñarles a amar de verdad los libros sin lugar a dudas contribuye a formar para el futuro a personas libres, con sentido crítico y capacidad de análisis, en una palabra, ciudadanos plenos y concientes de sus derechos y deberes. Pero mientras ese futuro llega, dejémosles soñar mientras vuela su imaginación con las blancas alas de las páginas de un libro.    


viernes, 9 de noviembre de 2012

EL VALOR DE UNA NIÑA



En esta ocasión no es un tópico afirmar que es pequeña pero muy muy grande. Desgraciadamente, la hemos conocido por haber sido víctima de la violencia, pero no es una de tantos menores heridos por balas asesinas en un conflicto bélico, esos niños “de la colina del Principito” a los que la cantautora chilena Mariela González dedicara uno de sus temas, ella es mucho más. Me refiero, como no, a la jovencísima activista por los derechos civiles Malala Yusafzai.

Malala es una adolescente, casi una niña, una chica cuyas preocupaciones deberían ser ahora mismo aprobar la secundaria, desarrollar sus aficiones  y salir con sus amigos, sin embargo las injustas condiciones de su existencia han puesto delante de esta joven paquistaní dificultades y retos mucho mayores que ella ha asumido con la naturalidad de quien es sabedora de que esa y no otra es su misión en la vida. Y lo ha hecho con una decisión, una claridad de miras y una madurez que ya quisieran para sí muchos adultos. Malala desde muy pequeña comprendió que la única salida para las mujeres de su tierra, el Valle del río Swat, era la educación, por lo que no dudó, siguiendo el ejemplo de su padre, en desafiar a aquellos que, desde una posición cerril y fuera de toda lógica, contraviniendo incluso los preceptos de la fe que dicen defender, se empeñaban en negar el elemental derecho de las niñas a la escolarización. Para ello con sólo trece años abrió un blog en el que, en inglés y bajo pseudónimo, contaba su vida, la vida de una niña, bajo el régimen talibán, y participó en un documental del New York Times.

Pero la reacción de la sinrazón y la barbarie de aquellos a los que se enfrenta la claridad y lucidez de esta muchacha no se hizo esperar, y los disparos de un terrorista, de un asesino con la ceguera fundamentalista de quien no ve más allá de su propia cerrazón, a punto estuvieron de segar la vida de la que ya entre su gente era considerada una heroína. Fusiles contra palabras, la fuerza contra la razón, el fanatismo frente a la cordura, una vieja historia que esta vez puso su objetivo en una niña y que nunca más debería repetirse.

Mientras se recupera en su cama de un hospital londinense, Malala se ha convertido ya en todo un símbolo. Sus ojos, su lucha, son una luz de esperanza para muchas niñas y mujeres y su valentía un ancla a la que asirse frente al miedo, pero también nos hablan de todo lo que queda por hacer, del camino que falta por recorrer para que la libertad y la igualdad sean una realidad en todo el mundo.

Desde este blog nos unimos a todas las personas que desde cualquier punto del planeta rezan o mandan energía a esta luchadora joven, queremos que este sea nuestro pequeño homenaje a ella y a su causa. Va por Malala, y por todas las Malalas que trabajan y sueñan imaginando un futuro mejor.